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Sep 17th

Afortunadamente, acá no los matan

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Photo credit: analisisafrodescendiente.bligoo.comEditor’s Note: Panamanian Attorney and rights activist Alberto S. Barrow reached out to Insight regarding a discussion in Panamanian media about whether Black girls should be allowed to wear braids in school. A child had been expelled with the argument that ethnic hair styles were a distraction from the central mission of education…learning. That thread will be presented in coming editions of Insight News and at our website, www.insightnews.com. But today, we are presenting, in Spanish and English another piece authored by Barrow: a commentary on racial profiling people of African descent experience in Panama, just like in Florida, as in the Trayvon Martin case. Most importantly this connection with Mr. Barrow has opened a doorway to an important content platform, Analisis Afrodescendiente, which we will engage to share with you issues, ideas, challenges and successes of descendants of Africa living in Columbia, Ecuador, Peru, Mexico, Chile, Argentina, Uruguay and beyond. These essays and discussion remind us and confirm that our struggle is the same worldwide: dignity and respect for our persons, our heritage and culture, and our right to full participation in the affairs of governance, locally, nationally and globally.
Al McFarlane Una cosa en que probablemente todos podamos convenir al iniciar la lectura de este artículo de opinión es que su título no deja buen sabor de boca. ¿Una dosis de perversidad? ¿Acaso cinismo? ¿Ironía?

Pero el título, tan malogrado como bien pudiera resultar al final del día, es probable que sirva el propósito de poner en controversial perspectiva una situación de ocurrencia cotidiana en Panamá, a la cual buena parte de la sociedad no le ha prestado, hasta ahora, la atención que su gravedad amerita.

Salvo por algunas voces persistentes, a muchos les viene más cómodo mirar para otro lado, cuando se señala que la Policía Nacional muestra una particular actuación ante ciertos sectores y grupos sociales, sin que con esto se desconozca que, en general, el conjunto de la sociedad panameña suele tener razones para cuestionar el tratamiento que en ocasiones recibe de los llamados agentes del orden público.

El tema de la conducta policial ante determinados sectores y grupos sociales es uno que se debate en distintas latitudes, y desde hace ya bastante tiempo. Justamente, en estos días, se ha conocido de la muerte de un joven afroamericano, que fue impactado por el disparo de un vigilante privado, caucásico.
El hecho ha concitado una gran atención mediática y avivado en Estados Unidos el debate racial, uno que a mi juicio nunca se ha cerrado, con todo y la asunción a la Casa Blanca del Presidente Barack Obama, el primer americano de tez negra en ocupar el cargo. En poco menos de un mes, un hecho acaecido en una pequeña localidad del Estado de La Florida ha alcanzado dimensión nacional y ha generado numerosas manifestaciones, en varias  ciudades de EE.UU., de parte de las grandes minorías de ese país, que se han expresado en contra de la discriminación que el caso ha puesto en evidencia.
Trayvon Martin, de 17 años, salió de casa el sábado 26 de febrero en la noche para comprar algo de comer.  Cuando retornaba a su hogar, George

Zimmerman, el precitado guardia de seguridad, advirtió su presencia  en el camino, y llamó por radio a la policía identificando al joven  como un negro “muy sospechoso”, que parecía que “iba drogado o algo”, encapuchado y caminando en medio de la lluvia. Después, se acercó a él y lo mató de un tiro. En defensa propia, afirmaría luego de los hechos. Zimmerman fue dejado en libertad por la policía, aun cuando está confeso, y no le acompaña ningún elemento objetivo que justifique su conducta.

Trayvon Martin era negro y operó en su contra el perfilamiento racial, un fenómeno social que hace rato dejó de ser exclusivo, si es que alguna vez lo fue, de la sociedad norteamericana. En el caso de América Latina, el tema viene mereciendo una mirada, cada vez más cercana, del sistema de Naciones Unidas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, así como otras instancias internacionales.

Acá, en casa, Panamá, el perfilamiento racial ha estado presente, desde tiempos inveterados. Y tiende a agravarse. Baste que hoy día se le pregunte a los jóvenes negros de nuestros barrios populares e, inclusive, de algunos sectores medios, con qué frecuencia son interpelados en las calles, sin ningún  motivo, al menos aparente, por agentes de la Policía Nacional.  ¿A cuántos se  les maltrata, humilla, y exhibe ante el público, sin que hayan cometido acto contrario a la ley o falta alguna?  Selectivamente, se les detiene en las calles,  cuando no en las propias cercanías de sus casas, por la misma razón que en Sandford, esa pequeña localidad de La Florida, Trayvon Martin perdió la vida: Su condición racial; se les presume “sospechosos”.

Que no somos Estados Unidos. Desde luego que no. Tampoco somos París, Londres ni Río de Janeiro, apenas para mencionar otras disimilitudes. ¿Pero, qué tan distinto es el perfilamiento racial en Panamá con respecto a otras sociedades que acusan este problema?

Me late que mientras en Panamá no hagamos conciencia del fenómeno, como sociedad, es probable que podamos asirnos del título que cuelga sobre este texto y sentirnos algo tranquilos: Afortunadamente, acá no los matan.

Personalmente, me sigo interrogando, tanto más que al inicio, ¿No sería eso una perversa, cínica e infortunada ironía?

*El autor es abogado.


Fortunately, they don’t kill them here
By Alberto S. Barrow N.
Translated by Insight News

One thing we probably all agree upon before reading this opinion piece is that its title does not leave a good taste in your mouth. Is it evil? Is it cynicism? Irony?

But the title, as unfortunate as it may well be, at the end of the day, is likely to serve the purpose of stirring controversy around a grave situation of daily occurrence in Panama, to which much of society has not paid attention so far.
 
Except for a few persistent voices, many are more comfortable looking away when the National Police shows a particular bias  against certain sectors and social groups. This, even though in general, the whole Panamanian society often has reason to question the treatment they sometimes receive from the so-called law enforcement.

The issue of police conduct to certain sectors and social groups is one that is discussed in different social classes. The discussion these days is precipitated by the death of a young African American who was killed by a Caucasian private security guard.

The incident has attracted huge media attention and fueled U.S. racial debate, one which I believe has never been closed, and included the White House of President Barack Obama, the first Black American in charge. In less than a month, an incident that occurred in a small town in Florida has reached national dimensions and has generated numerous protests in several U.S. cities, by minorities which have spoken out against discrimination that the case has revealed.

Trayvon Martin, 17, left home on Saturday February 26 at night to buy food. When returning home, George Zimmerman, the aforementioned security guard noticed him on the road, and radioed the police, identified the boy as a black, "very suspicious," who seemed "drugged or something," hooded and walking in the rain. Zimmerman said Martin attacked him so he shot Martin in self-defense.

Zimmerman was released by police.

Trayvon Martin was Black and a victim of racial profiling, a social phenomenon no longer exclusive, if it ever was, to American society. In the case of Latin America, the topic deserves of a look, an examination by the United Nations, by the Commission on Human Rights and other international bodies.

Here, at home,  in Panama, racial profiling has been around since time inveterate. And it tends to worsen. Young Blacks of our neighborhoods, and even some middle class neighborhoods, often are challenged in the streets for no apparent reason by agents of the National Police. How many are abused, humiliated, and exhibited before the public, who have not broken the law? Selectively, they are stopped in the streets, perhaps near or far from their homes, for the same reason as in Sandford, Florida,  where Trayvon Martin was killed: his racial status, are presumed "suspect.”

We are not America. We are not Paris, London or Rio de Janeiro.. But how different is the racial profiling in Panama compared to other countries?

Panama is conscious of the phenomenon, but as a society, we are likely to hold onto the title that hangs over this text and feel something cool: Fortunately, here they don’t kill them.

Personally, I keep questioning the title from the beginning: would not that be an evil, cynical and unfortunate irony?





 

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